El peor día de mi vida comenzó tan normal como cualquiera. Me desperté alegremente a saludar a mi mamá, tomé desayuno y salí a dar un paseo por el bosque. Decidí dar una siesta en mi lugar favorito, justo al lado del televisor del salón. Derrepente sentí una gélida brisa por mi lomo, la puerta estaba abierta. Fui a llamar a mamá para que la cerrara pero no me escuchaba, se estaba peinando frente un largo espejo. Todo era muy raro, yo siempre pasaba frente a ese espejo pero nunca había estado frente a él con mi dueña. Yo ya sabía que eramos distintas, no hacíamos las mismas cosas ni ella ni yo ni nadie de la familia pero pensé que era porque todos eramos únicos y especiales. No nos parecíamos en nada. Ojos, boca, pelo, cuerpo, patas, nada. Eramos muy diferentes, yo estaba muy desconcertada pero mi dueña actuaba de lo más normal, hasta que dijo algo que lo aclaraba todo. Yo nunca le prestaba atención a lo que decía su madre pues no me interesaba para nada a excepción de cuando me llamaba para comida o cariño, pero ese día, en ese momento dijo algo que me marcaría por el resto de mi vida.
- Hija apresúrate, ya es tarde, cierra la puerta y deja al gato en el patio.
No sé que me impactó más, si el hecho de que me iba a quedar unas cuantas horas en el patio o que me había llamado gato. Gato. Yo era un gato. Todo este tiempo creyendo creyendo que yo era como ellos, como mi familia. Había vivido una mentira creada por mi mismo.
Desde ese día nada fue igual. No volví a vivir de la misma manera, caí en una profunda depresión que ni los cariños más amorosos podían curar.
Y así fue el peor día de mi vida, el día que descubrí que era un gato.
- Hija apresúrate, ya es tarde, cierra la puerta y deja al gato en el patio.
No sé que me impactó más, si el hecho de que me iba a quedar unas cuantas horas en el patio o que me había llamado gato. Gato. Yo era un gato. Todo este tiempo creyendo creyendo que yo era como ellos, como mi familia. Había vivido una mentira creada por mi mismo.
Desde ese día nada fue igual. No volví a vivir de la misma manera, caí en una profunda depresión que ni los cariños más amorosos podían curar.
Y así fue el peor día de mi vida, el día que descubrí que era un gato.
2 comentarios:
Los gatos son la vida, y ser uno de ellos sería aún mejor.
Claro, pero muchos gatos tienen complejo de humano... es una pena
Publicar un comentario